Víctor Leblow, un analista de ventas en la reconstrucción de la postguerra, escribía “Necesitamos que se consuman cosas, que se quemen, se desgasten, se sustituyan y se tiren a la basura a un ritmo cada vez más rápido”, acuñando sin saberlo el alma del esplendor del Antropoceno: la obsolescencia. Sin embargo, el concepto de obsolescencia no debe llevarnos a significado tecnológico ni malvadamente prediseñado por las magníficas industrias que consumen nuestros salarios. La obsolescencia es inherente (y necesaria) para los ritmos y modos de consumo actual. Del mismo modo que no concebimos que no salgan nuevos modelos de iPhone, nuevas actualizaciones para nuestras “apps” o al menos cinco tipos de leche en el supermercado para ejercer nuestro derecho de libremente no escoger ninguna. […] A ambos extremos de la jerarquía (y también en la sección central de la pirámide, atrapadas en un dilema entre los unos y los otros), las personas se ven acuciadas por el problema de la identida...
La halita, roca formada por la cristalización de la sal, es un evento geológico en sí mismo, un fotograma del tiempo reflejado en el espacio, porque cristalizar es velocidad, es flujo...transición de estados de la materia. Y en verdad el espacio son secuencias, y nuestras percepciones fotos de su esencia. Concurrimos a distintas velocidades porque recurrimos a distintos actos, el espacio no se adapta sino que recoge lo que somos cuando lo usamos, lo paseamos, lo traspasamos, recorremos, vagamos y vagabundeamos. Un potenciador de deambulación, como los denomina Francesco Careri en "Walkscapes", un generador de estar, un soporte de creencias, un motor de vivencias. La sal es por tanto un fluido sólido, una maqueta geológica de la arquitectura que representa las velocidades que condicionan el espacio. Un efecto Venturi que se modifica con la aceleración, dando lugar a espacios radicalmente diferentes a los que darían un proceso largo y pausado, casi sin necesidad...
El lunes pasado asistimos con un nudo en la garganta al incendio de la Catedral de Notre Dame de París. Si bien durante el transcurso del incendio se sucedieron valoraciones polémicas sobre la destrucción del templo o procedimientos como el dado por el Presidente de Estados Unidos, Donald Trump, en lo referente a utilizar hidroaviones para extinguir el incendio, la intervención se produjo de una manera impecable. Pasado el éxtasis de la destrucción, podemos ver como grandes firmas privadas han ofrecido cantidades ingentes de dinero para la restauración, y en este punto es donde haría un par de valoraciones. En primer lugar, que empresas privadas destinen fondos y esfuerzos para la preservación y restauración del patrimonio y la cultura en general me resulta esperanzador, no obstante deberíamos asumir que los monumentos, en propiedad del estado como es Notre Dame, o de entidades cualesquiera que sean, son, a fin de cuentas, patrimonio de la humanidad, tengan esta declaración o no. As...
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