Lo que los espacios susurran

La Arquitectura no es cuatro paredes y un techo, sino el aire que queda dentro. Lao-Tsé (600 a.C.) 

Desde el material hasta el entorno pasando por la orientación, color, textura y cómo no, medidas. Contexto.
Ninguna definición correcta de espacio arquitectónico es posible sin incluir estos conceptos así como tantísimos otros en él. 

Desconozco cuantas veces habré debatido con compañeros ajenos al mundo de la arquitectura sobre la necesidad de los detalles frente a los "balcones cerrados" e intentado llevármelos, no siempre con mucho éxito, a mi terreno. 

A veces, como me decía Martín Lejarraga, tenemos que convencer al resto de participantes del proyecto de hacer algo que no entienden, les supone un coste y sólo con la simple promesa nuestra de que eso cambiará el proyecto por completo, y cómo no, a mejor.

La arquitectura es un servicio caro y cargado de responsabilidades. La decisión de optar por un material u otro, o la "simple" disposición de una ventana no puede ser aleatoria si va a determinar el día a día de unas personas.

Y es que este ejercicio del cuidado, las peleas silenciosas por hacer de habitáculos espacios es abrumadora, lo que quizás hace que cuando llegan a verse construidos determinados detalles que se saben proyectados con toda la dedicación digna del más mínimo detalle de la Alhambra, emocionan. 
Puede que si se nos permitiera hacer todo lo que se pretende, la obra en sí no tuviera tanto valor (como existen ejemplos de complejos ultramillonarios).

Es entonces, en las pequeñas arquitecturas, las de la gran arquitectura, donde este concepto del pequeño gran logro, la ventana que al despertarte enfoca una vista determinada, la textura del suelo al levantarte descalzo, un cambio de alturas en los forjados...se hace realidad, y emociona, al proyectista y sin saberlo, los habitantes.

Conozco compañeros, sin irnos ni lejos ni a "los grandes" que hacen, con muy poco (muy) mucho. La gran arquitectura. Y no se trata de mejores o peores clientes. No. Los clientes no son arquitectos, si lo fueran se proyectarían sus propias viviendas. Tampoco es el dinero. Es la intención. 

Anecdóticamente una vez incluí en un proyecto un patio no muy grande con un pequeño árbol en él, reduciendo los metros cuadrados utilizables del patio y encima encareciendo los costes. Yo, que a la hora de hacer el proyecto había visto clarísimo que ineludiblemente ahí iba ese árbol porque para mí, la vivienda entera lo estaba pidiendo. Pues bien, los clientes no lo veían tan claro. Es más, yo no tenía ni idea de como explicar cómo un espacio que no ven todavía y a través de conceptos intangibles podía aportarles tanto como decía a su día a día...creo que se dieron cuenta que lo estaba pasando mal (y haciéndolo peor) intentando explicárselo que finalmente me dijeron "si tu lo ves tan claro, adelante". Suertes de esa, dicen que sólo una.

Sin embargo y a lo que quiero referirme, es que resulta necesario en el trabajo del arquitecto comprometernos en buscar y luchar por esas cosas que no nos piden y al principio ni se quieren, cuidando la delgada línea que separa esto del ego y tratar de buscar el mayor resultado para unos clientes que como es normal no han tenido la formación en ese aspecto que nosotros y por consiguiente pueden perfectamente no tener esa "visión espacial" que tanto nos gusta presumir a veces. Al fin y al cabo, la arquitectura es un servicio y valga la redundancia, existe para servir.



Entradas populares de este blog

Juego de transparencias

Urbanismo con perspectiva de género

Maquillajes y bambalinas