La fenomenología de la forma

¿Cuántas caras tiene un cubo?
La simplificación arquetípica de los procesos proyectuales frecuentemente deriva en una estratificación formal de la idea concebida.
El resultado de esta analogía no es consecuencia de la búsqueda de la complicidad espacial sino la comprensión a través de la simplificación de la, todavía inmaterialidad, continente de la obra.

Sin embargo el dilema de conceptos geométricos en el proceso de "tallado" de la obra aparece en el punto en que las formas en sí no abandonan su esencia en adaptabilidad a la idea, sino que son artificialmente desvirtuadas para hacerlas responder a un "utilitas".

Es un error perceptual plantear una forma articuladora estudiando el espacio que generan al exterior, ya que el cubo tiene caras dentro y fuera.
Me parece interesante el análisis purista de la forma inalterada, claro que para ello habría que disponer de una atomización de unidades elementales y partir de éstas en el proyecto.
Independientemente de no ser un defensor de la adaptabilidad de la arquitectura a unas formas predefinidas, sino al revés, no deja de ser un ejercicio atrevido , y complejo, la búsqueda de una geometría fundamental, que por otra parte no sería compatible con el "raumplan".
¿Hasta qué punto una idea articulada con una forma puede no traducirse en los espacios interiores
¿La intersticialidad entre las formas debería ser el vacío de las formas mismas? Este es uno de los puntos que más me hace renunciar al radicalismo, ya no formal, sino formalista. 

Y es que el criterio de seguir una forma en el espacio debe traducirse en aplicarlo en la ausencia de éste. Sin embargo la homogeneización absoluta deriva en la pérdida de valor del espacio en sí mismo, pasando a ser un sujeto accidental del conjunto proyectado.



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