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Mostrando las entradas etiquetadas como sociedad

Limites V

Antes de plantear la moralidad del muro como elemento de separación, conviene reflexionar sobre el punto de vista desde el que se plantea. Rem Koolhaas planteaba el supuesto de un muro basado en el de Berlín que recorría Londres y la dividía en la “zona buena” y la “zona mala”. El muro, que  albergaba lo mejor de la ciudad en su interior, estaba proyectado pensando en quienes querían proteger el futuro de la ciudad y de sí mismos del exterior, siendo prisioneros de su propia obra. […] Experimentamos así la impresión de hallarnos ante una situación en la que el sentimiento individual y el acto intelectual personal son demasiado débiles para afirmarse por sí solos sin el apoyo de manifestaciones afectivas e intelectuales análogas de los demás individuos. Esto nos recuerda cuán numerosos son los fenómenos de dependencia en la sociedad humana normal, cuán escasa originalidad y cuán poco valor personal hallamos en ella y hasta qué punto se encuentra dominado el indivi...

Limites IV

Los muros son elementos más útiles en lo simbólico que en lo práctico, lo que no quita que se deba aportar una justificación que todos entendemos decorativa. Cada año en mis viajes hago alto en Procopia y me alojo en la misma habitación de la misma posada. Desde la primera vez me detengo a contemplar el paisaje que se ve corriendo la cortina de la ventana: un foso, un puente, un murete, un serbal, un campo de maíz, una zarzamora, un gallinero, el lomo amarillo de una colina, una nube blanca, un pedazo de cielo azul en forma de trapecio. Estoy seguro de que la primera vez no se veía a nadie; fue solo el año siguiente cuando, por un movimiento entre las hojas, pude distinguir una cara redonda y chata que roía un choclo. Al cabo de un año eran tres  sobre el murete, y al regresar vi seis, sentados en fila, con las manos sobre las rodillas y algunas serbas en un plato. Cada año, apenas entraba en la habitación, levantaba la cortina y contaba algunas caras más: dieciséis, inclu...

Limites III

Víctor Leblow, un analista de ventas en la reconstrucción de la postguerra, escribía “Necesitamos que se consuman cosas, que se quemen, se desgasten, se sustituyan y se tiren a la basura a un ritmo cada vez más rápido”, acuñando sin saberlo el alma del esplendor del Antropoceno: la obsolescencia. Sin embargo, el concepto de obsolescencia no debe llevarnos a significado tecnológico ni malvadamente prediseñado por las magníficas industrias que consumen nuestros salarios. La obsolescencia es inherente (y necesaria) para los ritmos y modos de consumo actual. Del mismo modo que no concebimos que no salgan nuevos modelos de iPhone, nuevas actualizaciones para nuestras “apps” o al menos cinco tipos de leche en el supermercado para ejercer nuestro derecho de libremente no escoger ninguna. […] A ambos extremos de la jerarquía (y también en la sección central de la pirámide, atrapadas en un dilema entre los unos y los otros), las personas se ven acuciadas por el problema de la identida...

Limites II

Mel Brooks decía “Tragedia es cuando me corto mi dedo. Comedia es cuando  caes en una alcantarilla abierta y mueres.” Nuestra capacidad de seres inteligentes nos permite abordar un problema en sus primeros síntomas, buscando siempre que no exista una consecuencia. Sin embargo, nuestra capacidad de razón, que posee la dulce habilidad de ser camuflada cuando la situación lo requiere, se ve inevitablemente contaminada por un instinto básico que prima como ley fundamental nuestra supervivencia frente al bien común. Hoy prácticamente toda la población mundial tiene acceso a información al instante. No es complicado observar el impacto de los combustibles fósiles o la ganadería intensiva; no es difícil conocer quién fabrica los móviles; no cuesta saber cuanta gente muere de hambre frente a la comida que tiramos. Conocemos a tiempo real. Dicho esto, asumimos que los daños son colaterales si han de suceder a otros por un bien común (bueno para no tener que plantearnos nuestra comunidad...

Limites I

¿Qué ocurre al otro lado de un muro? Los muros declaran voluntades y justifican intenciones. Son muros los edificios, pero también las presas y ríos. Sin embargo, el auténtico elemento divisorio son los idearios, que no los ideales, quienes mueven la vida de todo humano. Las agrupaciones se fundamentan en la distinción del resto de seres, además de la conjunción de unos pocos, y forman barreras continuamente frente a quienes no caben en esta unión. Estas cotas que marcamos cada día no son en absoluto sistemas violentos en su mayoría. Fijamos límites y segmentamos cuanto podemos para generar formaciones digeribles.  Sería absurdo tratar de evaluar el impacto de cada decisión y por ello existe el instinto, un atajo a la lógica que carga con el peligro de nuestros miedos y deseos irracionales, quienes en última instancia y a falta de la razón, edifican los muros. No debemos por tanto juzgar las barreras que periódicamente nuestra sociedad levanta en diversos ámbitos co...